NUNCA DIGAS
ADIOS
Capítulo 23
Agridulce
La simpleza de un momento, puede
ser el más dulce y memorable de todos. Sentirse aferrada a Natsuki siempre
podría considerarse un privilegio, un placer y claro, era algo de lo que no
gozaban tantas. Si alguien más tuviera la oportunidad de sujetarse a ese firme
vientre, tendría serías razones para sentir celos, pero conocía el aprecio de
la pelinegra por la soledad, ella que no admite intrusos en ciertos espacios,
por eso no evitaba la dicha de sus pequeños pero importantes detalles... mil
veces se encontrarían y esas mil ocasiones, se amarían. Shizuru confiaba lo
suficiente en su conductora estrella, como para poner en sus manos la vida
misma, cosa que indudablemente hacía en cada ocasión que Natsuki tomaba el
volante de cualquier vehículo con ruedas. Esa ocasión se la notaba incluso más
apresurada que otras veces, ello no importaba a la peli ocre, estaba tan
distraída en la sensación de esa espalda, del vivo aroma a pino de ese cabello
y lo atlético de cada parte que tenía al alcance de sus manos, que el viaje se
hizo corto, pues cuando menos lo esperó, llegaron a su destino.
La pelinegra bajó con prontitud y
en un galante acto extendió la mano para ayudar a Shizuru a descender del
vehículo. Sus dedos continuaron enlazados ante el panorama que la castaña juzgo
tranquilo y hermoso, era después de todo un bonito jardín y parque de los
alrededores de su ciudad natal. A la vista de aquella tarde, el sol brillaba en
el inmenso cielo azul, la nubes habían decidido al parecer, alejarse más allá
del alcance de una mirada. El pasto suponía un serio impedimento para los finos tacones de temporada, muy necesarios en
las labores de oficina, pero de lo mas poco práctico en terrenos como aquel,
por lo que Shizuru se aferró con gusto al fuerte brazo de su amada. Este era otro
de esos detalles que no escapaban a la atenta mente de la Fujino, su querida y
terca Natsuki de antaño, jamás hubiese permitido un contacto tan estrecho y por
ello se sentía afortunada.


