Danza
entre Lobos.
Capítulo 8
Máscaras de Vals III
Fuera de la casa encontraron unos cuantos metros aguardaba un carruaje
por ellas, Sainoyi hizo un ademán de saludo y abrióse las puertas para sus
nuevas pasajeras, una vez dentro del carruaje e iniciado el galope de los
caballos, Natsuki se tomó un respiro, volvió la vista sobre la mansión ya
bastante lejos, donde las gentes salían apuradas hacia sus carruajes y los
gritos se escuchaban desde allí, a lo que no pudo esconder una carcajada
divertida. -¡Sakomizu es un genio!- Rió de buena gana recordando que él haría
se ocuparía del viejo sistema eléctrico de la casa, mientras Shizuru taconeaba
con sus botas la madera y sus brazos cruzados delataban cierto disgusto en toda
ella, magníficamente sentada en su asiento frente a la lobuna. Al notar este
pequeño detalle la joven Kruger tragó silaba dificultosamente.
-Me parece que merezco una explicación muy seria de Natsuki- Frunció el
entrecejo y de tener las orejas al viento la pelinegra las hubiese bajado
temerosa, supo que Shizuru estaba realmente indignada. -Ha... arruinado mi
fiesta de cumpleaños-…
Natsuki agachó la cabeza completamente confundida, había sido atrevida,
osada como pocas, ingeniosa, ¿Qué era lo que deseaba esa mujer? Suspiró
pesadamente. -Sainoyi... detente por favor- Le indicó al conductor del carruaje
por la ventana, volvió sus ojos de esmeralda sobre Shizuru y suspiró
largamente. -No sabes cuanto he arriesgado por estar aquí, para pasar este
tiempo junto a ti, quería hacerlo especial... mostrarte un lugar diferente y
alejar de tu rostro esa expresión vacía que tenías para todos en la fiesta, una
sonrisa sin sentido, una expresión de falsa alegría... eso es lo que arruiné,
pero si quieres volver... adelante, solo di que te forcé o amenacé incluso,
todo estará perdonado... tu padre se ocupará de eso créeme- Estaba claro que
Shizuru era muy orgullosa y Natsuki aunque no tanto, tampoco estaba dispuesta a
perder su dignidad. El silencio lo dijo todo, la pelinegra abrió la puerta de
la carroza y bajó. Miró a Sainoyi que se notaba confuso. -Vuelve a la mansión
Fujino y explica que le has salvado de mí, para que nadie ponga en duda su
honor-


