7:27 a.m.
Danza entre
Lobos.
Capítulo 4
La cosecha I
Han pasado días desde la última
vez que visitó a Madame Midori, días en los que ha seguido sus consejos al pie
de la letra. Pero todos han sido infructuosos, muy lejos de lo que hubiera
querido, pues se ha percatado que es natamente torpe en los menesteres del
amor, como si su aspecto no fuera ya suficiente para restarle puntos a favor.
A las mujeres les gustan
los regalos ¡Cuanto más caros mejor! (Midori Sugiura)
En medio de la noche más oscura,
la motita blanca ascendió por las escaleras con una caja sujeta en sus pequeñas
fauces, con paso firme y hasta orgulloso, casi con la marcha sofisticada de un
caballo atravesó el pasillo, hasta que Durhan yació de pie frente a la puerta
de la castaña. A suertes que la prudente chica había dispuesto una puertecilla
pequeña para que él pudiera salir y entrar en las noches, cuando el llamado de
la naturaleza así le obligara. Shizuru aun recordaba haberse despertado en la
madrugada del segundo día en que la cría de lobo entró en su vida. El sopor
abandonó a la joven mujer, cuando el sonido del cachorro rasgando la puerta con
sus pequeñas garras y la evidente urgencia de hacer sus necesidades importunó
su sueño. Al día siguiente se ajustaron las puertas de la casa para la libre
movilidad del canino, desde entonces la puertecilla estaba ahí para no
interrumpir el sueño de la hermosa doncella.
La criatura intento ingresar por
la pequeña puerta, pero ni siquiera la cabeza blanca y peluda asomó al otro
lado, la larga caja en la mandíbula chocó en repetidas ocasiones contra el
marco de la puertecilla, agitando el contenido y por ende causando un ruido que
despertó a la chica. Shizuru se levantó en la oscuridad, consciente de sus
movimientos, pero con la mitad de sus pensamientos sumergidos en los dulces
sueños que estaba teniendo. Fue así que con la cola entre las patas, Durhan vio
la puerta abrirse y desde las alturas una somnolienta castaña le miró con
ligero reproche en las pupilas sangría. Pudo entrar pegando la rechoncha pancita
en el suelo y arrastrándose con las patitas, para así alejarse lo más posible
de la mirada molesta de su dueña, era la peculiar forma que tenía el animalillo
de suplicar el perdón de su ama.
Entonces el cachorro recordó la
caja en sus fauces, la posó en el suelo y con su hocico la movió cerca de los
pies de Shizuru, pero esta ya no miraba al animal, se disponía a volver al
lecho. Los pies pálidos se alejaron para apagar la lámpara en la mesita de
noche, pero al volverse la castaña, su pie pisó la baba del lobezno en el suelo
de madera, resbaló, y cayó de espaldas, arrastrando consigo el cobertor, la
lámpara y todo lo que sus manos tocaron en el vano esmero por no caer. Yació
así la castaña con tal estropicio encima y un profundo dolor en las posaderas,
mientras el canino se tapaba el hocico con una de sus patitas, como quien no
quiere ver, pues incluso el animal sabía que aquel 'accidente' había sido
doloroso para su ama. Aquella noche el entero de la familia Fujino despertó con
el estruendoso ruido, todos fueron a la habitación de la menor de la casa, para
recibir excusas sobre un 'sonambulismo' recién adquirido por la joven, que muy
pocos creyeron fuera el origen del accidente. Una vez a solas y como la pareja
que aguarda por un momento de intimidad para tener una discusión en toda regla,
el canino fue sermoneado por su ama quien lo señalaba y decía en repetidas
ocasiones “Durhan malo”. Fue así como vino el castigo por las andanzas del
canino, la castaña lo envió al rincón donde una mustia canasta con un par de
cobijas viejas y rasgadas le aguardaban, quien sabe por cuantos días... lo más
difícil de todo para el cachorro, fue verse privado de la tibieza de su ama
cuando solían dormir juntos en su lecho.