Danza entre Lobos.
Capítulo 7
Máscaras de vals II
Era un día dichoso para la
castaña, cumplía 16 años y una gran fiesta sería celebrada en su honor, una vez
llegado el anochecer. Con el inicio de aquella mañana, el primer detalle de su
familia le fue entregado, consistía en un desayuno llevado a su cuarto, que su
hermana, su madre y su abuela habían preparado juntas. El drama materno no se
hizo esperar, en cuanto sus bellos ojos rubí se abrieron.
-Mi pequeña ha crecido
tanto... si recuerdo cuando te llevaba en mis brazos de bebe- Un río cristalino
de llanto surcaba las mejillas de la madre, sus ojos grises miraban con
añoranza a la hermosa joven. Cada día la notaba más bella, era sin lugar a
dudas una criatura dotada de un sin fin de virtudes, como si fuese una flor que
abre sus pétalos para ser contemplada.
-Calma mujer... ¿Qué será de
ti el día que se casen tus hijas?- La anciana Kaede palmeaba el hombro de su
nuera, aunque muy en el fondo se tragaba el nudo que la situación le
ocasionaba. La sola mención del matrimonio aumentó los sollozos de la dama y la
vieja Fujino negó con la cabeza.
-Para eso falta mucho madre...
por favor ten calma o me uniré a tu llanto- Amenazó con una dulce sonrisa la
castaña, no deseaba llenarse de sentimientos tan temprano, para eso ya tendría
la fiesta.
-Nada de lágrimas muchacha-
Advirtió la abuela con una sonrisa. -Debes estar perfecta esta noche, no habrán
caballeros que no se maravillen contigo y quizás pronto tenga a mis ansiados
bisnietos- Los ojos sangría miraron de soslayo a la de cortos cabellos naranja,
que posaba el jugo de fresa en la mesita de noche. -Mira que Mai y Kanzaki
están un poco lentos en la tarea... fufufu- Se reía la mujer de blanca melena.
-¡Obachan!- El ardor en las
mejillas de la mayor de las hermanas, dejo en claro sus reclamos y bochorno.
-¿Cómo que nietos? Yo estoy
muy joven para tenerlos- Afirmó indignada Mizue. Con aquello las límpidas risas
de las cuatro mujeres llenó el espacio.
Todas ayudaron a Shizuru a
asearse ese día, la abuela preparó un baño de rosas, Mai talló la espalda de su
hermana y Mizue lavó los castaños cabellos con esencias aromáticas y aceites
que resaltaran el brillo de la melena.
-Ara, parece que Shizuru
pronto competirá con el abundante pecho de Mai- Afirmaba con admiración la
abuela Kaede, mientras la aludida se sonrojaba irremediablemente.


