CAPÍTULO III:
TAMEIKI
(SUSPIRO)
Escucho el suave tic-tac del bonito reloj que cuelga de la blanca pared de mi habitación. Veo las hojas vacilar en las débiles ramas del viejo cerezo que a veces araña mi ventana. Huelo el aroma floral del detergente que han usado para lavar las sábanas, que impecables, cubren mi cuerpo. Degusto el amargo sabor de mi saliva, al no haber consumido alimentos hace varias horas. Siento la suave funda de la almohada que abrazo, desde que me recosté para intentar dormir.
Y a pesar de la belleza y suavidad que me rodean; todo se escucha, se ve, huele, sabe y se siente… Vacío.
Ya han pasado un par de horas desde que abrí los ojos, sin que nada realmente me despertara. Ya han pasado un par de horas desde que el sol asomó en el horizonte. Y sigo sin ánimos de levantarme. He soñado otra vez; con amplios campos y espesos árboles, con el viento en mi cabello y la lluvia en mi rostro. Con blanco y negro, con verde y lila. Sonrío apenas… Con verde y lila.


